Una sociedad que se entrega a la suerte

La forma en la que nuestra sociedad vive el sorteo de lotería de navidad es la consecuencia de una milenaria estructura de privilegios. Los sociólogos expertos en cambio social podrían escribir largas explicaciones sobre el tema, sobre el sorteo de una nueva posición en la estructura social. Se trata de la construcción de un espejismo, de una bienaventura; la oportunidad de romper las reglas del determinismo social creando una excepción. Posiblemente el sorteo tenga una raíz más pagana, con la preparación de comidas colectivas para celebrar el solsticio invernal e iniciar el combate del frío. En ellas aquellos que habitaban en la desnutrición tenían por un día la oportunidad de alimentarse con respecto a sus necesidades.

Tan injusta ha sido en su historia nuestra sociedad con los ciudadanos, durante tantos siglos, que este sorteo ha seguido operando como espejismo cultural incluso en los momentos más difíciles. Para ejemplo esta fotografía del sorteo de navidad de 1936, celebrado en Valencia. En medio de una guerra había tiempo para tratar de sortear (en el sentido de esquivar) de forma individual las injusticias sociales.

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