Una impunidad grande y libre

El ejercicio es muy sencillo. Se copia el texto de cualquier noticia sobre la condena a militares argentinos por el robo de bebés y se borran algunos nombres y vocablos geografizantes, para deslocalizarla.

Cambio de noticia

De la noticia de la web de El País sobre la sentencia a Videla

La justicia argentina condenó hoy al exdictadorJorge Rafael Videla a 50 años de cárcel por el robo de bebés dentro de un plan sistemático ejecutado durante la última dictadura militar en Argentina (1976-1983).

La justicia consideró probado un delito de lesa humanidad “mediante la práctica sistemática y generalizada de sustracción, retención y ocultamiento de niños menores de 10 años”, en el contexto de un “plan general de aniquilación” contra parte de la población civil con el argumento de acabar con la “subversión” durante la dictadura militar.

Considerado un proceso “emblemático” por las organizaciones de Derechos Humanos, el juicio comenzó por una denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo y abarca más de una treintena de casos.

Esa sentencia acaba de ser promulgada por la justicia Argentina; ese país al que mandamos hoy las nuevas carabelas con nombres como Telefónica o YPF y que hace tiempo que le dio la vuelta al espejito de colores, para que se vea reflejada en él España.

Los mismos planes sistemáticos, la misma eliminación de una identidad opositora, no sumisa, deseosa de ejercer su derecho a la libertad. Los mismos militares predestinados, señalados, endiosados para decidir quién debe vivir y quién debe morir. Pero mientras en Argentina esa sentencia acompaña a otras muchas que ya se han dado contra quienes organizaron una dictadura para “salvar” su patria y violaron numerosos derechos humanos; en España, con su transición ejemplar, con su milagro español, con su capacidad de construir más viviendas que Francia, Italia y Alemania juntas, con sus grandes líneas de AVE, resulta que alguien programó la alta velocidad del olvido, de la ignorancia, del no saber. Y después de haber hecho desaparecer a más de 113.000 civiles; de haber asesinado a más de 50.000 opositores tras parodias judiciales, de haber robado miles de bebés, de haber humillado públicamente a miles de mujeres, de haber torturado a miles de presos, de haber aplicado terribles tratamientos con descargas a gays y lesbianas, de haber negado a los hijos de los republicanos las primeras vacunas contra la polio,…. ni uno de los responsables, ni uno solo, ni por un error, ni por una casualidad, ni porque un pilar fundamental de la democracia es la justicia, ha tenido que verse delante de un juez para responder ni siquiera a una sola pregunta.

Eso sí, nos queda un consuelo; la democracia ejemplar es la nuestra.