La doble moral como cultura política franquista en el presente o donde pisa la presidenta de la Comunidad de Madrid no crece la esperanza

El general Franco puso el mundo al revés hasta conseguir generalizar un discurso en el que los asesinos y torturadores de la dictadura pudieron aparecer como víctimas del comunismo soviético. Así consiguieron ocultar sus crímenes y desarrollaron toda una estructura en la cultura política de la sociedad consistente en acusar al contrario de lo que uno hace para extender cortinas de humo.

Esa forma de actuar se propagó fundamentalmente a través de la iglesia católica y de la enseñanza, en un país donde miles de falangistas adquirieron por el color de su camisa y una mínima alfabetización una plaza de maestro. Cuarenta años de machaque incluso calaron en las familias de las víctimas que para soportar la existencia bajo un régimen tan represivo llegaron a desarrollar un discurso del algo habrán hecho, como si sus familiares hubieran profanado una lógica por la que luego era lógico que tuvieran que pagar.

Esa cultura ha convivido durante años y sigue trabajando en el insconsciente colectivo de una derecha que no ha reflexionado ni depurado su cultura política con la llegada de la democracia. Franco acusaba a los comunistas de los asesinatos de la guerra creó un hábito de acusar de crímenes a quien interesaba, a pesar de saber que esa no era la realidad (¿le suena a alguien eso a lo que ocurrió con Aznar el 11M?).

Ayer, Esperanza Aguirre, acusó a las gentes del cine de no hablar de la crisis económica en la Gala de los Goya, porque Zapatero les tapa la boca con 89 millones de euros anuales de subvenciones a la industria audiovisual. Incluso, enfrente del Palacio de Congresos de Madrid, donde se celebraba la ceremonia, un grupo de “esperanzistas” gritaba ladrones, aprovechados y gorrones a cada actor o actriz que descendía de un coche.

Ahí se escondía esa cultura política franquista de acusar para no autoinculparse. Hace unos poquitos años (3) el gobierno autonómico que preside Esperanza Aguirre subvencionó una película de José Luis Garci con 15 millones de euros. Una película titulada Sangre de mayo que ha sido uno de los fracasos de taquilla y público más notorios de las últimas décadas y que era la versión aguirrista de Raza. Como la izquierda no tiene esa cultura política no ha acusado a Esperanza Aguirre de malversación de fondos públicos. ¿Cuántos largometrajes pueden hacerse con ese dineral?

Pero hay una derecha que no para de definir como pesebreros a los actores y las actrices y es solamente porque no están a su servicio, haciendo de pregoneros del ppepperismo. Los y las intérpretes son la conspiración judeo masónica del presente. Y así lo denuncia la presidenta de la Comunidad de Madrid, una mujer que donde pisa, ya no crece la esperanza.

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