RAÍCES EN LA MEMORIA

 Estiró el brazo para apagar el despertador y, como dibujando sobre una línea de puntos, fue entretejiendo el hilo de su consciencia. Estaba desorientado, al menos en el tiempo; no sabía si acababa una siesta o empezaba un nuevo día. Intentó deducirlo por los ruidos de la calle pero recordó que su habitación daba a un patio del cual apenas le llegaban los chirriosos ecos de las viejas poleas sobre las que culebreaban unas desgastadas cuerdas de tender la ropa.

Llovía. El suave murmullo del agua se fue deslizando por sus oídos, como la mariposa que encuentra una jugosa flor segundos antes de que se agote su efímera existencia. La lluvia le inspiraba ternura, un ternura que al brotar en el regreso de una siesta se fue transformando en tristeza. Así fue como empezó a sentir que la lluvia nacía de su recuerdo, de las nubes de su memoria, del cielo gris y vulnerable de su esperanza perdida.

Sonó el teléfono. Quiso levantarse para descolgarlo pero sus articulaciones no reaccionaron, y permaneció tumbado con los brazos estirados. Una vez que hubo enmudecido el aparato, Jacinto se encontró absorto en una imagen, en un inolvidable fotograma de su pasado. “El río del tiempo es largo y estrecho”, pensó mientras la melancolía se transformaba en una sensación más compacta y precisa.

Encendió la luz sin moverse del sitio. Jugó a sentirse en la habitación de un desconocido y a perseguir una personalidad extraña a través de sus propios objetos. El cuarto era pequeño. Justo al entrar, a mano derecha, había una mesilla que sostenía una radio, un par de libros, una novela y un ensayo filosófico, y una lámpara con el reflector desconchado, que proyectaba una luz desordenada y borrosa. Junto a la mesilla una cama estrecha y enjuta con un edredón de color azul celeste, muy apropiado para envolver los sueños. Al final de la cama un pequeño espacio y un estrecho armario con estanterías llenas de libros. Un poco más a la izquierda estaba la ventana. Era de aluminio y daba a un patio de vecinos pintado de color blanco pero que reflejaba poca luz. Bajo la ventana había un radiador y a su izquierda un armario donde guardaba la ropa. En la pared de la izquierda se apoyaba una mesa. Los espacios vacíos en las paredes estaban llenos de fotografías y láminas. Cuadros como El Beso de Gustav Klimt, pegatinas de viejas reivindicaciones políticas o fotografías: viajes, amigos, y una mujer; siempre la misma mujer.

Desde el centro de aquel psicosistema comenzó su juego de análisis. Todo iba bien hasta que llegó a la pared de la mesa que estaba llena de fotografías. El aterrizaje de su mirada en alguna de aquellas imágenes era como una lluvia de rocas cayendo sobre los charcos de la melancolía. Por fin, sus ojos quedaron paralizados ante la contemplación de un retrato. Era el primer plano de una mujer. Una sonrisa iluminaba su rostro. El gesto era espontaneo, sin pose. La profundidad de los ojos era lo que daba fuerza a la fotografía. Al tropezarse con aquella imagen se sintió igual que la mariposa que encuentra una flor marchita segundos antes de que se agote su efímera existencia.

“¿Somos lo que tenemos o lo que perdemos?”, pensó en un intento por revelarse contra la incuestionable afirmación que le dictaban las evidencias de su condición de hombre rendido. “Si cambio mi entorno cambio mi vida, si cambio mi vida cambian mis sueños, si cambian mis sueños son otros mis deseos, entonces yo ya no soy el mismo” pensó de forma circular, como acostumbraba a hacer siempre que no quería tener que mirarse de frente.

Por un momento creyó que llevaba toda su vida paralizado sobre aquella cama, inventando recuerdos. Por un momento se sintió un extraño al que le habían diseñado una habitación a partir de cuyos objetos debía dar sentido a un pasado inexistente. Por un momento creyó en la posibilidad de ser el que no era. Tenía que cambiarlo todo; tirar los cuadros, las fotografías, esconder o regalar algunos libros. En ese instante tomó una decisión inesperada. Se dispuso a descolgar la fotografía que había reactivado el aletargado resorte de su artrítica rebeldía.

Aunque Jacinto recordaba perfectamente el día que taladró la pared, puso el taco y la escarpia sobre la que pendía aquel viejo y polvoriento marco de madera, no comprendía por qué el movimiento no despertaba en el objeto con el empuje de sus manos. Miró por el reverso. El cuadro parecía estar pegado a la pared. “No sólo es difícil arrancar los recuerdos de la memoria”, se dijo a la vez que lo zarandeaba con todas sus fuerzas y no conseguía moverlo.

Volvió de la terraza con un martillo y un cortafríos. El teléfono sonó de nuevo pero Jacinto no le hizo ningún caso. Aporreó la pared con todas sus fuerzas hasta que el cuadro, a duras penas, comenzó a descolgarse.

Un olor húmedo y dulce se desprendió de la parte de la pared que el cuadro ocultaba cuando por fin cayó al suelo. Jacinto se quedó paralizado, como la mariposa que sobrevuela un desierto momentos después de que comience su efímera existencia. De la pared que acababa de quedar despejada asomaban pequeños troncos que segregaban una resina densa y azulada. Si alguien le hubiera contado lo que le estaba sucediendo no lo habría creído. La fotografía había echado raíces, raíces de arbusto, unas raíces duras y tiernas que nacían de la mismísima pared.

Parecía haber salido de un sueño para entrar en otro. Intentó descolgar la fotografía más próxima y sólo pudo hacerlo cuando repitió los mismos pasos que había dado con la primera. Así hasta que dedujo que todas aquellas fotografías y láminas habían echado raíces en las paredes de su cuarto.

Se sentó en la cama con los pies colgando. Contemplaba atónito el incesante goteo de savia que se desprendía de las raíces. Era un néctar azul celeste y parecía tener cierta fosforescencia. Su consistencia era densa, cercana a la cremosidad. Al principio no notó su olor con intensidad, pero lentamente un perfume dulce y delicado se fue apoderando del aire hasta hacerlo todo suyo. Jacinto sintió una irrefrenable necesidad de probar aquella sustancia.

Se agachó al borde de la pared y pasó un dedo por el pequeño charco de savia que se había formado junto al zócalo. Acercó la falange a su nariz para olerlo con detalle. Por un momento se sintió la mariposa que encuentra una flor venenosa en el centro de un interminable desierto y no tiene más remedio que absorber su néctar. El aroma aspirado desde tan corta distancia era fuerte y penetrante. Jacinto sintió un leve mareo. Sin pensarlo dos veces se metió el dedo impregnado en la boca y como fulminado por un rayo cayó al suelo abatido, con los ojos cerrados y una estúpida sonrisa dándole forma a sus labios.

Jugaban a policías y ladrones. La cadena de prisioneros esperaba a que algún compañero pudiera rescatarlos. Jacinto se encontraba oculto tras un coche. Habían capturado a Catalina. La delicada mano de aquella niña aleteaba en el aire esperando que un compañero le devolviera la libertad. Jacinto no dudó un instante, esa era precisamente la oportunidad que estaba esperando. Salió de su escondite para llamar la atención de sus amigos sabuesos. Comenzó a correr sin dirigirse directamente a efectuar el rescate. Esquivó a Matías saltando por encima de un banco; Mónica se torció un tobillo mientras trataba de cerrarle el camino. Miguel era el único que podía impedir que Jacinto lograra su objetivo. El último guardián se encontraba cerca del árbol cuando salió corriendo hacia el libertador. Miguel era su mejor amigo; compartían pupitre en el colegio y pertenecían a la misma manada en los scouts.

Jacinto sintió rabia al darse cuenta de que su amigo podría impedirle el paso. En ese momento Miguel le guiñó un ojo, se lanzó al suelo rozándole las piernas y disimuladamente le dejó pasar. Así fue que Jacinto llegó hasta el árbol, cogió la mano de Catalina y liberó a todos sus compañeros. Durante dos minutos Catalina y él corrieron por el parque cogidos de la mano, sonriendo, huyendo juntos hacia un nuevo refugio. Jacinto se sentía feliz. Aquella pequeña heroicidad le había llevado a un estado de absoluta alegría. Una vez que estuvieron ocultos Catalina dijo:

-Un beso para mi rescatador-.

A Jacinto aquella frase le pareció la fórmula de un hechizo. La joven le sujetó la barbilla con la mano izquierda, apoyó la derecha en su nuca y sobre su mejilla selló el beso de la inocencia. A Jacinto parecía habérsele encendido una hoguera en los pulmones. Se agitó su respiración y por un momento creyó sentir que le burbujeaba la sangre. Se dejó acorralar en medio de aquel incendio de felicidad, igual que la mariposa que encuentra una flor carnívora segundos después de que comience su efímera existencia. No escuchó los gritos de Catalina avisándole de que saliera corriendo, no sintió cómo Miguel le agarraba un brazo, ni siquiera se acordaba de cómo fue llevado prisionero hasta el árbol junto al que recuperó la consciencia y se dio cuenta de todo.

Había caído la noche. La habitación se encontraba completamente a oscuras. Jacinto abrió los ojos y miró a su alrededor como si tratara de encontrar a Catalina. De golpe se derramaron sobre su presente los veinte años desde los que había regresado. Dedujo que la causa del de aquel verosímil recorrido por el sendero de su memoria había sido la savia de aquella extraña raíz. Al borde de la pared continuaba derramándose un goteo fluorescente de tonos azulados. Sonó de nuevo el teléfono pero decidió no descolgarlo. Se acercó a la pared y recogió en su mano unas gotas del néctar. Y de nuevo bebió aquella extraña sustancia y volvió a caer fulminado al suelo, y la misma estúpida sonrisa se trenzó en sus labios.

Sonaron los primeros compases de If you leave me now, del grupo Chicago. Yolanda levantó los ojos del suelo para buscarle con la mirada. Llevaban varios días peleados y sin hablarse porque en su última cita ella creyó que Jacinto se sobrepasaba. Las tres últimas noches no durmió, preocupada porque él no había aparecido por el instituto. Ahora le esperaba, sabía que aquella canción la bailarían juntos.

Se abrazaron suavemente; parecían dos ríos que convergen a un mismo cauce en una noche de silenciosa ventisca. Temblaban, se estremecían como dos nubes que estuvieran a punto de formar parte de la misma lluvia. Jacinto le dijo algo al oído. Ella asintió sin dejar de mantener los ojos cerrados. Cuando terminó la canción subieron a la habitación de los padres de Miguel. Pasaron el pestillo, bajaron las persianas, desplegaron las cortinas y se tumbaron en la cama. Yolanda estaba asustada; la sombra de la culpabilidad oscureció su mirada; pero algo dentro de ella, algo más fuerte que su voluntad, se había apoderado de su cuerpo.

Jacinto comenzó a desnudarla. Desabrochó lentamente los botones de su camisa mientras le susurraba al oído unos versos que había compuesto para ella, para cuando llegara ese momento. Yolanda estaba rígida, contraída. Jacinto no dejó de besarla mientras se desnudaba. Así se conocieron sus cuerpos, en el núcleo naciente de una tormenta de pasiones contradictorias. Sus caricias eran olas de inocencia batiendo contra la playa de un deseo culpable. Besó su cuello, y cuando se dispuso a descender hacia el pecho de la joven dos brazos que se cruzaban salieron a su encuentro.

Yolanda estaba llorando, en su rostro se dibujaba el miedo, un miedo destilado a través de siglos de temor, un miedo casi genético. Jacinto estiró su cuerpo y puso su rostro frente al de Yolanda. Se abrazaron en silencio y así permanecieron varios minutos, hasta que se adentraron por las luminosas tinieblas del sueño. Al día siguiente amanecieron entrelazados, como dos hiedras que tratan de formar juntas un tronco sobre el que erigirse. Jacinto sentía algo parecido a una nube dentro de la cavidad ósea que formaba su cabeza. Aprovechó aquel momento para jurarle a Yolanda un amor eterno, de una eternidad que apenas duraría unas semanas pero que en ese momento parecía incuestionable.

Había amanecido y continuaba lloviendo. Jacinto abrió los ojos y creyó ver tras la ventana el reflejo de Yolanda que se difuminaba entre las gotas de lluvia. La raíz que asomaba de la pared ya estaba seca y su preciada savia había interrumpido el goteo fluorescente. Aquel extraño néctar tenía la propiedad de revivir los recuerdos con absoluta intensidad. Jacinto no podía pensar en otra cosa, recuperar las pinceladas de la felicidad le producía un alivio infinito. Cogió del armario de la terraza más herramientas y comenzó a levantar el encalado de la pared, a descolgar todas las láminas y sacar a la luz todas las raíces que hubiera enmarañadas tras la pintura.

En un ataque de incontrolada ansiedad desconchó las tres paredes y el techo. Por todas partes halló ramificaciones. El cansancio se apoderó de él. Había dejado al aire una maraña de raíces que formaban algo parecido a una cueva. Jacinto llevaba varios años ocupando el centro de aquel extraño habitáculo, atrapado en sus ocultas ramificaciones, inmovilizado en el suelo de su presente, sin apenas salirse del tiesto.

Recuperó la respiración. Abrió una navaja y comenzó a dar cortes a diestro y siniestro. La savia azulada brotaba de dos mil puntos. La habitación parecía por la noche una constelación de líquidas estrellas que se derramaban sobre un planeta dormido. Durante varios días saboreó aquel néctar, reviviendo los momentos más intensos de su vida, recorriendo los rincones más hermosos de su memoria. No comió, no bebió, sólo fue capaz de ingerir aquel desconocido jugo que se había adueñado de su voluntad.

Una semana después Jacinto había perdido doce kilos de peso y la palidez de su rostro recordaba a una sábana que se seca al sol de mayo. Estaba reviviendo el nacimiento del último momento de felicidad del que había disfrutado cuando la raíz se desplomó, seca e inerte, después de que su savia hubiera pasado al cuerpo de Jacinto como en una transfusión de memoria que provocara el olvido.

Tardaron dos semanas en dar la voz de alarma. Un vecino avisó a la policía, alertado por un olor tan intenso que había cambiado el color de las flores que tenía en la terraza. Cuatro bomberos derribaron la puerta. Al llegar a la habitación de Jacinto descubrieron en el suelo algo que parecía el gigantesco capullo de un gusano de seda. La raíz se había secado y, contrayéndose al hacerlo, se fue convirtiendo en una tela compacta que terminó por envolver a Jacinto. Tan entrelazada estaba que el forense no fue capaz de serrarla por miedo a descomponer el frágil cuerpo del joven. Así lo enterraron, envuelto en aquellas ramas, como la mariposa que aplasta un desprendimiento de tierra segundos antes de que comience a disfrutar de su efímera existencia.

E.S.B. (Un relato del libro que está por venir: Agujeros en la niebla)

¿Cuentas en Suiza y mentiras de vídeo?

A mediados del pasado mes de mayo numerosos medios de comunicación publicaron la noticia de que un alto cargo del Partido Popular tenía seis cuentas en el mismo banco suizo que Luis Bárcenas, el LGT Bank. La noticia apareció en plena campaña electoral para las elecciones al Parlamento Europeo.

RuzCuentasSuiza

El anuncio de que otro importante miembro del Partido Popular podía superar el número cuentas que Bárcenas tenía en el paraíso suizo, creaba la expectativa de que el conocimiento de las grandes tramas de corrupción, dentro del PP, no habían tocado fondo.

Pocos días después de las elecciones, comenzó a correr el rumor de que el titular de las citadas cuentas podría ser un ex ministro de José María Aznar, líder autonómico, alejado de focos últimamente y que fue uno de los miembros del Partido Popular que estuvo más cerca de Luis Bárcenas; Javier Arenas. Sigue leyendo

Adolfo Suárez; el embalsamador del franquismo

En un debate en una de las sesiones de la Universidad del Barrio, tras un visionado del documental ¡Arriba España!, de José María Berzosa, se debatía sobre la transición y uno de los participantes dijo: “Normalmente se afirma que la Ley para la Reforma Política fue el harakiri de las Cortes franquistas. Pero hay que ver cómo se desarrolló después la vida profesional de sus miembros y en qué situación socioeconómica están hoy sus familias”.

El libro de Alfredo Grimaldos analiza la “incrustación” del franquismo en la democracia.

Desde esa perspectiva, la transición española fue algo así como un proceso en el que la élite franquista le dijo a la ciudadanía: “Vosotros quedaros algunas libertades y nosotros con todo lo demás. Y mientras participáis en la política nosotros nos vamos llevando el poder a la economía”.

Lo cierto es que vista la transición desde sus resultados parece una interpretación bastante verosímil. Sólo hay que ver que la misma élite política, económica, mediática y religiosa continúa en esa posición dominante. Por eso han sido enormemente pomposos los fastos del funeral de Adolfo Suárez. Si la jerarquía de la iglesia católica decide enterrarlo dentro de una catedral es una forma de agradecimiento, porque bajo su Gobierno se firmó el concordato de 1979 que hace de la iglesia española la más beneficiada, con dinero público, de Unión Europea.

Adolfo Suárez fue un rostro amable, el escaparate de un proceso político en el que había que dejar todo atado y bien atado, sin que lo pareciera. Por una lado la Ley de Amnistía, de octubre de 1977 (atención al artículo 2º f), que blindó de impunidad a los asesinos, torturadores y demás violadores de derechos humanos de la dictadura. Previamente, el ministro de la Gobernación, Rodolfo Martín Villa, impidió que en las elecciones de junio de ese año participaran partidos republicanos y contrarios a la impunidad para los franquistas.

Por otro, el citado concordato, en el que la jerarquía católica garantizaba la continuidad de sus inmensos privilegios. También la quema de documentos, que entre los año 1976 y 1978 se llevaron a cabo por parte de la Falange, la Guardia Civil y otras instituciones, con el fin de crear una versión documental de la dictadura que fuera soportable para la democracia. Sigue leyendo

La duda del 11M que Cospedal no quiere ni ver

NombramientoCospedal

María Dolores de Cospedal era subsecretaria de interior cuando ocurrieron los atentados del 11M.

Sorprenden las declaraciones de María Dolores de Cospedal en las que, diez años después de los atentados del 11M y con una sentencia firme y documentada, reclama que algún día se conozca toda la verdad del 11M. Aumenta la sorpresa si se recuerda que la actual presidenta de Castilla La Mancha, y secretaria general del PP, era en aquellos días Subsecretaria de Interior, que es lo mismo que decir mano derecha de Ángel Acebes. Eso quiere decir que tuvo acceso a muchísima información de lo ocurrido en los trenes madrileños y que asistió en primera línea a la lamentable y funesta gestión que el Gobierno de José María Aznar llevó a cabo.

Es cierto que no conocemos muchas cosas de las que ocurrieron esos días, pero no en la dirección en la que ella las insinúa. Los teóricos y prácticos de la conspiración, Pedro J. y Losantos, tenían la misión de sacar a la sociedad del contexto de lo ocurrido y trasladar la atención hacia lo no ocurrido. Debatir la autoría del atentado nos alejaba de debatir la gestión del atentado.

ExPolicíaUno de los principales cabos sueltos del 11M es la reivindicación; el modo en el que se hizo y el cuándo se hizo. Según la versión oficial alguien con voz árabe llamó a Telemadrid el sábado 13 por la tarde diciendo que dejaba una cinta reivindicando el atentado en una papelera y que si no la recogían en diez minutos se la llevaba.

El jefe de seguridad de Telemadrid, en vez de llamar inmediatamente a la policía, llamó a un ex policía que vivía cerca para que no se perdiera “la exclusiva”.  El ex agente, sin pensar que corriera algún tipo de peligro, salió corriendo hacia la papelera donde se encontraba la reivindicación del atentado y como se puede ver en el titular de aquí encima, tuvo que esperar varios minutos a que llegara la policía.

Cinta10MinutosAhora me hago varias preguntas.

1-.¿Alguien puede creer que ese día 13 de marzo de 2004 la mezquita de la M30 madrileña y sus alrededores no estaba completamente vigilada?

2. ¿Se puede pensar que un terrorista llama a una televisión y dice que va a estar diez minutos parado o cerca de una papelera de la que da las coordenadas y va a estar allí esperando a ver si se recoge o no se recoge la cinta, siendo en ese momento uno de los delincuentes más buscados del mundo?

3. ¿Es posible que el jefe de seguridad de Telemadrid ante un asunto de esa dimensión no llame inmediatamente a la policía?

4.¿Realmente a alguien se le puede pasar por la cabeza que el reivindicador de un atentado de esas dimensiones amenace a una cadena con que si no recoge la cinta rápidamente se la entregará a otro canal?

5-.Con la presencia policial que había esos días en las calles de Madrid ¿puede creerse que la policía tardara varios minutos en llegar a ese lugar?

Existe el dicho popular de que una mentira cuanto más gorda mejor cuela. El modo en que figura en el sumario la recogida de la reivindicación parece más bien sacado de un tebeo de Mortaledo y Filemón. Por eso se abren un montón de preguntas.

¿Cuándo llegó realmente esa cinta a manos del Gobierno? ¿Dónde?¿Cómo? En las respuestas a esas preguntas, de las que puede tener bastante información la que era entonces Subsecretaria de Interior, María Dolores de Cospedal, pueden esconderse muchas de las claves de lo ocurrido tras el atentado y de la actuación de los miembros del Gobierno, responsables políticos que después de lo que hicieron no deberían estar habilitados para ostentar responsabilidades públicas.

 

 

 

 

 

(Artículo en El Correo Gallego sobre la recogida de la cinta con la que se reivindicó el atentado del 11M: http://www.elcorreogallego.es/inicio/ultima-hora/espana/ecg/ex-policia-recogio-cinta-reivindicacion-espero-minutos-llegada-un-coche-policial/idEdicion-2007-04-16/idNoticia-156077/ )

Estos días azules; dedicado a Antonio Machado

Estos días

Estos días azules que devoran su cielo,
que evaporan la risa, que destilan más miedo,
son la sombra desnuda de un futuro desierto,
donde no nacen alas porque no siembran sueños.

El poeta agoniza polvoriento en silencio,
ya le han roto la vida los que tanto le hirieron,
exiliado, marchito, derrotado en el tiempo,
ya no hará más camino, ya no habrá más regreso.

Estos días azules, estas lunas sin verbo,
con sonetos sin rima, como incendios sin fuego,
que golpean estrellas y mastican espejos
cuando ya no palpitan ni el amor ni el deseo.

Caminante y camino, corazón hecho hielo,
ya estás casi desnudo como el olmo más seco,
ni esperanza, ni brisa, ni latido en tu pecho,
se te apagan las horas como polvo en el viento.

Estos días azules, estos días maltrechos,
no son mundos sutiles pero guardan el eco
de los hombres gentiles que jamás se rindieron
golpe a golpe la vida, lo demás verso a verso.

(E. Silva)

FotosMachado

A la derecha, fotografía tomada el 27 de enero de 1939.

Durante muchos años la fotografía de la izquierda fue la principal imagen en la memoria colectiva del poeta Antonio Machado. En los años 60 la dictadura franquista trató de apropiarse del recuerdo del poeta, dando su nombre a un instituto de enseñanza secundaria y al Parador Nacional de Soria. Se trataba. como en mucho otros casos, de despolitizar su pasado y aparentar que se trataba de una figura que se hubiera sentido cómodo en la dictadura. Pero la imagen de la derecha, tomada menos de un mes antes de su muerte, refleja el dolor que le infringieron los fascistas que dieron el golpe militar del 18 de julio de 1936. Entre las dos imágenes hay seis años de diferencia. Su muerte por tristeza, agotamiento y desesperanza fue causada por quienes helaban corazones.


 

 

¿Por qué el Gobierno español cesó al embajador en Argentina y no lo ha vuelto a nombrar?

Ceses embajadores

Listado de ceses de embajadores aparecido en el BOE el 9 de noviembre de 2013

El pasado 8 de noviembre el ministro de Asuntos Exteriores cesó a varios embajadores españoles, entre ellos a Román Oyarzun, que hasta entonces ocupaba la embajada en Buenos Aires y que fue trasladado a Naciones Unidas.

En el Boletín Oficial del Estado del 9 de noviembre de 2013 aparecieron siete ceses de embajadores y varias designaciones. Pero sólo uno de ellos no fue nombrado y no lo ha sido todavía; el embajador español en la república argentina.

Sin título

Listado de designaciones de embajadores aparecido en el BOE el 9 de noviembre de 2013.

Cuesta creer que en estos momentos no exista embajador español en Argentina y que el Gobierno tuviera preparada esa designación para otros países. Una vez enfriada la crisis del Repsol el mayor problema del Gobierno de España con Argentina es la causa abierta en un juzgado de Buenos Aires por los crímenes y violaciones de derechos humanos cometidas por agentes y responsables de la dictadura franquista. Hace días que el poder judicial de la república de Argentina cursó por vía diplomática una petición de extradición de dos torturadores franquista, Billy el niño y Muñecas. La petición está dormida en los despachos del ministerio de Asuntos Exteriores, que está incumpliendo sus deberes y por lo tanto prevaricando y protegiendo a ambos torturadores.

Por otra parte, a finales del presente mes un gripo de diputados viajará a la capital argentina para mostrar su apoyo a la causa contra el franquismo. Entre sus actividades de tenían prevista una reunión con el embajador español pero si sigue así la cosa el despacho del máximo representante español en Buenos Aires estará vacío.

El tema es especialmente delicado si se tiene en cuenta que una de las próximas peticiones de extradición de la jueza, María Servini de Cubría, podría ser la de José Utrera Molina, ex ministro de la dictadura, miembro del patronato de la Fundación Francisco Franco y suegro del actual ministro español de justicia, Alberto Ruiz Gallardón.

La peste, la carcoma, basura

peste

LA PESTE: AL PRINCIPIO NO LO PARECE

La mañana del 16 de abril, el doctor Bernard Rieux, al salir de su habitación, tropezó con una rata muerta en medio del rellano de la escalera. En el primer momento no hizo más que apartar hacia un lado el animal y bajar sin preocuparse. Pero cuando llegó a la calle, se le ocurrió la idea de que aquella rata no debía quedar allí y volvió sobre sus pasos para advertir al portero. Ante la reacción del viejo Michel, vio más claro lo que su hallazgo tenía de insólito. La presencia de aquella rata muerta le había parecido únicamente extraña, mientras que para el portero constituía un verdadero escándalo. La posición del portero era categórica: en la casa no había ratas. El doctor tuvo que afirmarle que había una en el descansillo del primer piso, aparentemente muerta: la convicción de Michel quedó intacta. En la casa no había ratas; por lo tanto, alguien tenía que haberla traído de afuera. Así, pues, se trataba de una broma.

Aquella misma tarde Bernard Rieux estaba en el pasillo del inmueble, buscando sus llaves antes de subir a su piso, cuando vio surgir del fondo oscuro del corredor una rata de gran tamaño con el pelaje mojado, que andaba torpemente. El animal se detuvo, pareció buscar el equilibrio, echó a correr hacia el doctor, se detuvo otra vez, dio una vuelta sobre sí mismo lanzando un pequeño grito y cayó al fin, echando sangre por el hocico entreabierto. (“La peste”, Albert Camus, 1947).

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LA CARCOMA: EL PP Y EL ESTADO

Nuevo_Gabinete_Rajoy_18jun13La carcoma es la plaga más común en construcciones de madera y/o con elementos hechos de ella: mobiliario, puertas, etc. Su efecto puede ser muy dañino en obras de arte, no sólo tallas y retablos sino también pinturas sobre lienzo al atacar sus marcos y bastidores.

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El barco minero de la esperanza

revolucióndeasturiasVerano de 2002. Un grupo de extranjeros que están ayudando en la exhumación de fosas de represaliados de la dictadura franquista visita la localidad leonesa de Villablino. Han llevado procedentes de nueve países. Mientras otros de sus compañeros excavan ellos y ellas tienen la misión de obtener información de cómo se vivió la guerra civil y la dictadura en esa zona. Cada vez que ven a una persona mayor se acercan a ella y le preguntan. Algunos no quieren contestar.Otros cuentan cosas con frases entrecortadas,en voz baja.

Llegan a la plaza de Villablino. Un hombre de unos noventa años está sentado en un banco. Se acercan a él, le saludan y le preguntan por la guerra. El dice que no sabe cómo fue allí en Villablino, que él llegó a trabajar en la mina desde Asturias, más allá del año cuarenta. Entonces, uno de los jóvenes le pregunta por la revolución de Asturias de octubre de 1934 y el hombre ni siquiera responde y se encoge de hombros. Vuelven varias preguntas sobre la revuelta minera y el hombre gesticula pero no articula ni una palabra. Justo cuando se van a ir porque no quieren molestarle alguien le pregunta si recuerda cómo se llamaba el barco que llevó las armas de los mineros. Y entonces al hombre, se le desordenan todas las arrugas cuando articula una enorme sonrisa y no puede evitar decir una sola palabra: ¡ESMERALDA!.

Carne de toro, (un soneto contra el maltrato del Toro de la Vega)

Carne de toro rota, desterrada,
de su piel sin dolor, de su alegría,
que revienta salvaje una jauría
que celebra el terror de una estocada.

Carne que siente, carne conquistada,
por la fuerza brutal con que agredía,
una gleba mortal que perseguía,
el sentir superior de su manada.

No queda humanidad en ese canto
que celebra la herida penitente
de la lanza certera del espanto.

Sufrir para nacer es suficiente,
paliar el padecer, truncar el llanto,
y no morir vejado lentamente.

(Publicado en el libro colectivo: Palabras para un toro sin voz de Ediciones Hades:
http://www.edicioneshades.com/Toro.html )

Memoria histórica: el disco blando de nuestra democracia que no pudieron borrar

Hoy es 30 de agosto, Día Internacional de los Desaparecidos y de las Desaparecidas. En el Estado español hay más de 100.000 personas dentro de esa categoría; detenidos ilegalmente por el Estado o por fuerzas paramilitares amparadas por el Estado, que fueron torturadas, asesinadas, y sus cadáveres ocultos, para extender el miedo en el tiempo y en el entorno de sus familias.

En nuestra transición a la democracia, la élite franquista, con la colaboración de parte de la izquierda parlamentaria, quiso borrar el disco duro donde se contenía la información de la historia B de la dictadura franquista; las numerosas violaciones de derechos humanos que el régimen llevó a cabo para consolidarse.

Pero no pudieron borrar los discos blandos, los trillones de neuronas donde hombres, mujeres y niños guardaban el testimonio de los hombres asesinados, de las mujeres humilladas públicamente, de las cárceles repletas de hombres y mujeres con ideas de progreso.

De ese disco blando salieron testimonios, dedos que señalaban lugares donde había fosas, que recordaban nombres, militancias, rostros de quienes apretaban el gatillo en nombre de Dios y de una España en la que sólo querían que hubiera espacio para el fascismo.

Así intentaron purificar nuestra raza, nuestra cultura política, moldearnos a la medida del miedo, del silencio, del no significarse para ser insignificantes. Pero la memoria estaba allí, donde no la ven las radiógrafías, ni los miles de chivatos que en edificios y oficinas trabajaban para señalar el camino que debía seguir la represión.

Hoy es un días más para recordar lo que nos amputaron, lo que nos lobotomizaron, lo que quisieron hacer desaparecer para que se cumpliera el sueño de terratenientes y obispos que conservaban los hábitos de la inquisición.

Gracias a quienes escribieron esas huellas y a quienes han roto el miedo y el silencio para que el disco blando de nuestra historia reciente trabaje por la memoria.

Pincha aquí para ver el vídeo de
Homenaje a los desaparecidos y a las desaparecidas del franquismo

 

Bajo el palio del duelo

En la tarde de ayer, en la catedral de Santiago de Compostela, se ofició un funeral católico en memoria de las víctimas del accidente de tren, ocurrido el pasado 24 de julio. La Constitución aprobada en 1978 dice en su artículo 16.3.: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. ¿Se cumple en un caso como ese?

Bajoelduelo

Felipe de Borbón protagoniza las portadas de periódicos que informan del funeral por los muertos en en accidente de tren.

Durante los treinta y cinco años en los que lleva en vigor ese artículo, ningún gobierno ha elaborado un rito laico para llevar a cabo este tipo de funerales de Estado. Eso ha dejado un vacío que utiliza sabiamente la iglesia católica, que es quien, a través de sus diócesis, convoca estos funerales. Así parecen de Estado, porque a ellos, por el impacto mediático de la tragedia, acuden altas personalidades de la monarquía y la política.

El comportamiento de la élite que asistió ayer a la catedral de Santiago de Compostela resultó casi obsceno. Sólo con ver la escenografía del acto ya quedaba claro el uso que hacían del duelo. Los familiares de los fallecidos ocupaban las filas traseras, cuando realmente se trata de un acto en memoria de sus seres queridos, cuyos familiares son lo más directo y por tanto deberían ocupar la primera fila.

Tras el rito católico, Felipe de Borbón, su mujer y su hermana, recorrieron banco tras banco, todos los asientos de los familiares, como una forma de interposición medieval, entre lo divino, que acababa de manifestarse en la misa, y lo humano que se manifestaba en la angustia y el dolor de quienes han perdido a un ser querido. TVE retransmitió en directo todo ese recorrido, monopolizando la atención del duelo, como se puede ver en las portadas de los diarios.

Hay que preguntarse, viendo esa instrumentalización del dolor, de qué les sirven a los familiares esas presencias en el desarrollo de su duelo, en el alivio de un proceso en el que se mezclan el dolor y la rabia. También hay que preguntarse cuáles son los actos que el poder elige colonizar y cuáles no. En estos momentos la clase política y la Casa Real están muy necesitados de mejorar su imagen, pero eso no calma el dolor de quienes no volverán a ver a un ser querido muerto trágica e inesperadamente.

Y dentro de esos vacíos que ocupa la ilgesia católica, la Casa Real y diferentes representantes políticos, también es necesaria la autocrítica y preguntarse por qué la sociedad civil no ha sabido crear y difundir otro tipo de ritos que impidan que muchas veces por inercia, por falta de opciones, familias sin vínculos con el catolicismo acudan a un sacerdote por falta de un rito alternativo.

15M: HEREDEROS DE LA INSUFICIENCIA

Las concentraciones que tuvieron como punto de partida el 15M fueron el primer gran síntoma de agotamiento del sistema político español, surgido tras la muerte del dictador Francisco Franco. Las grandes movilizaciones que se produjeron a raíz de ese día fueron el grito de alarma de una sociedad que divisaba el precipicio hacia el que nos llevaba la respuesta política institucional a la crisis. Se trató de un gran temblor, de un enorme estremecimiento colectivo, de una representación simbólica de que las respuestas a la crisis y a sus consecuencias debían guiarse por el interés general, por la preservación de lo colectivo. Quienes veían los primeros recortes y las terribles consecuencias que tenían decidieron doblar su apuesta por lo público, defender lo repúblico.

me-han-dichoqueregresalaesperanza1Articulado durante los años de una transición ejemplarmente embalsamada, nuestro sistema político permitió a las élites franquistas ingresar en la democracia sin que la conservación de sus privilegios generase conflicto con el ejercicio de las libertades. Para ello, los diseñadores de la recuperada democracia, eligieron una ley electoral que garantizaba un bipartidismo en el que ninguna de las formaciones políticas con opciones de Gobierno planteara conflictos con respecto a una estructura social heredada del franquismo. También durmió durante años una izquierda, que dedicó enormes esfuerzos a la conquista del poder institucional, abandonando el poder de cambio que existe en los movimientos sociales.

Durante las primeras tres décadas de la retornada democracia el sistema político compensó sus carencias democráticas con un desarrollo económico sin precedentes. Una sociedad en la que millones de ciudadanos habían conocido el hambre, la penuria, ingresó en la sociedad de consumo con los brazos abiertos. Desaparecieron los niños que pegaban su cara en la ventanilla de un coche para ver el cuentakilómetros y pasamos a poblar nuestra geografía con todas las grandes marcas del mundo consumista.

Así la sociedad española fue avanzando en su recuperada democracia, dentro del molde del consenso que siempre beneficia a la élite, con una monarquía legitimada artificialmente y dejando en sus márgenes numerosa representación política de ideas políticas, culturales o mediáticas. Los franquistas que ostentaban privilegios no escatimaron en medios para garantizar la consolidación de un sistema político que no les causara problemas. Para ello, por ejemplo, impidieron que fueran legalizados, para las elecciones de 1977, los partidos políticos abiertamente republicanos o situados a la izquierda del PCE, que apostó por la reconciliación nacional, votó favorablemente la ley de amnistía y renunció a la reivindicación de la república. Sigue leyendo

UNA IMPUNIDAD COMO LA DEL FRANQUISMO PARA TODOS Y TODOS PARA UNA

Estaba prevista la declaración, en el interior de la embajada de la República Argentina en Madrid, suelo argentino, de un grupo de víctimas de la dictadura que iban a prestar su testimonio por videoconferencia ante una jueza que desde Buenos Aires, aplicando el principio de justicia universal, investiga el franquismo. No era la primera vez que se toman  en ese lugar declaraciones por videoconferencia; en el caso de los juicios que se celebran en Argentina contra los genocidas han declarado testigos del mismo modo.

NotaVerbal

Esta el la nota verbal con la que Exteriores advertía de que había que paralizar la toma de testimonios en la Embajada Argentina.

Pero la intervención del Ministerio de Asuntos Exteriores, que vela por nuestra seguridad y nuestro bienestar, se dirigió verbalmente a la embajada argentina para protestar por el supuesto incumplimiento de un acuerdo bilateral que obliga a solicitar permiso para llevar a cabo ese tipo de actuaciones. El truco era que ese acuerdo opera cuando las acciones judiciales se llevan a cabo de suelo a suelo, es decir de un país a otro. Pero en este caso, la jueza desde Buenos Aires iba a tomar el testimonio de ciudadanos que estaban en suelo argentino, el de la embajada. El embajador argentino y Exteriores fueron los que incumplieron el respeto de suelo, paralizando la primera oportunidad de las víctimas para declarar en un juicio en el que se trataba de dar justicia a quienes padecieron las graves violaciones de derechos humanos del franquismo.

Un día antes se presentaba en un centro cultural de Bruselas la exposición  “Exhumando fosas, recuperando dignidades” que cuenta el proceso de búsqueda de los desaparecidos de la dictadura franquista, desde el momento en que un familia se decide a buscarlo hasta que le son entregados sus restos identificados en un homenaje público.

La exposición debería haberse instalado dentro del Parlamento Europeo el pasado mes de  febrero pero la intervención del Partido Popular consiguió que fuera vetada  días antes de su instalación, con el argumento de que sus fotografías eran impactantes. La exhibición iba a tener lugar en el mismo lugar donde se han expuesto imágenes muy duras del holocausto, de unas cuantas guerras o de misiones humanitarias en las que participa la UE.

En más de una ocasión en los últimos años, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha rechazado demandas de descendientes de asesinados por el franquismo con el reproche de que no habían hecho nada por resolver esos crímenes. Se trata de decisiones incomprensibles para un tribunal humanitario que en todo caso a quien debería darle un tirón de orejas es al Estado español por no haber hecho nada por resolver delitos que son imprescriptibles. Sigue leyendo

Intento caminar

Si todo hubiera sido un espejismo, 
si yo fuera incapaz de esta tristeza,
si no desabrigara esta certeza,
si un verbo me alejara de este abismo.

Si todos mis recuerdos son el mismo,
una nana, un abrazo, una tormenta,
algo perdido y roto que se ausenta,
que nunca perderá su magnetismo.

El tiempo que ya fue, que me marchita,
aplasta un corazón atravesado
por gente que partió pero aún me habita.

Intento caminar no encadenado
a todo lo perdido que aún palpita
por mirar sin dolor hacia el pasado.

TESTAMENTO CAUTIVO

21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, y aquí se me han derramado unos versos.

Mirada excavadora del fósil de unos labios
presencia mutilada de un tiempo que ha vencido
terremoto en la piel de epicentro punzante
tormenta de estiletes truncados de sentido.

Estela de aquel sueño, eco mudo de un cauce
semilla secuestrada por un viento marchito
prisión donde las sombras enjaulan viejas lunas
oxidada pregunta, beso ajado en su exilio.

Termita del recuerdo, pretérita polilla
hormiga del silencio, armario carcomido
omitida esperanza, confiscada alegría
estrella ensangrentada, madriguera sin nido.

Almacén de pasiones, ensalada de dudas
caja llena y repleta de rincones que han sido
astilla de un deseo, serrín de una sonrisa
huella ronca y dispersa que apuñala un latido.

Persiana transparente, ventana irrespirable
vela rota y sincera que el amor ha mordido
funeral de cortinas que desnudan pupilas
enterrador de nubes, explorador de abismos.

Baúl de soledades, desván de sinsabores
gotera que fue lluvia, silencio que fue ruido
azulejo que duerme, reloj que cuenta nuncas
pared que ha sido brazo, cimiento malherido.

Escarcha en una playa, delfín bajo la arena
ola muerta que azota contra un frío destino
barco hueco y amargo, marejada de espejos
iceberg de la ausencia, faro ahora fundido.

Raíz de firme otoño, tronco azul de la brisa
flor de angustia infinita, flor de pétalo herido
primavera impaciente, corazón neblinoso
no hallaréis en la tierra ni una gota de olvido.