Caso Bankia; el nuevo 11M del Partido Popular

Con la impunidad es lo que pasa, que te permite tropezar varias veces con la misma piedra y en España el poder lleva 500 años haciendo uso de ella. Y hoy, más que nunca, estamos tropenzando con el Gobierno de los mismos que gestionaron el 11M, con la misma cultura política, con la misma falta de escrúpulos, con estos enormes defensores y defensoras de los grandes intereses que desprecian las grandes causas. Los dejamos en libertad después del 11M y ahora están aquí gobernando, gestionando, indigestando, utilizando la democracia que para ellos es sólo un instrumento, un medio, una palanca.

Eso pasa por crear comisiones parlamentarias donde deben celebrarse juicios. Ver a Aznar en el Congreso de los Diputados hablando del 11M en una comisión era un insulto a la justicia, pero en este país los pasillos están llenos de sombras, de acuerdos de salón, de pactos de silencio sobre los que luego se construyen mitos y espíritus ejemplares.

Con el caso Bankia han vuelto a repetirlo, a mentir, a esconder, a engañar a la misma Europa a la que piden ayuda, a disparar en círculo contra otras instituciones para salvarse, para enredar, para enturbiar, para esconderse, para que no conozcamos cómo gestionaron la opulencia mientras hubo barra libre en las cajas. Rajoy le dice a Europa: “del rescate de Bankia nos encargamos nosotros, lo contamos nosotros, lo blindamos nosotros, lo escondemos nosotros”. Y primero son 4.000, y luego 7.000 y luego 12.000 y 19.000 los millones de euros; como por arte de magia, como ocurrió con una tarjeta del grupo Mondragón que luego es una cinta de la Orquesta Mondragón.

Y Europa mira, observa, analiza y piensa ¿cómo voy a confiar en un Gobierno que tiene a millones de ciudadanos en un sálvese quien pueda y antes de las soluciones colectivas piensa en apuntalar sus intereses, en esconderlos, en engañarnos? ¿Cómo pueden entender los otros europeos el concepto del chiringuito político?Y como aquello ocurrió en España, el paraíso de la impunidad, no en desiertos ni en montañas lejanas, aquí los tenemos. Ninguno de los que hoy están en el Gobierno tuvo escrúpulos y se dio de baja de un partido que mintió sobre ese terrible atentado. Ninguno disidió cuando Aznar llamaba miserables a los ciudadanos que no creían lo que no tenían por qué creer. Ninguno tuvo la decencia de dejar el partido ante las evidencias de que la gestión del 11M nacía de una estrategia electoral. Todos dijeron “prietas las filas”, insultando a quienes decían la verdad, maltratando a las víctimas que no defendían sus intereses, cooperando con todas las teorías de la conspiración, de la mochilización del atentado. Y ahora gobiernan.

Ahora construyen con Bankia otro atado y bien atado; blindan, aíslan, esconden, disparan contra el Gobernador del Banco de España, que se lo merece pero por otras razones. Aíslan Bankia del rescate europeo porque sus trapos sucios prefieren lavarlos en casa, prefieren hacer de trileros ante la ciudadanía para que no descubramos el vaso en el que esconden tanta mierda. Y Europa entra en pánico al mirar con estupor cómo de nuevo ponen sus intereses por encima de la ciudadanía, por encima de un proyecto colectivo, por encima de algo que suena en sus bocas vacío y fingido: el bien común.

La derecha española todavía tiene el hábito de que sus intereses estén por encima de la ley; eso vale para llamar espíritu de la transición al momento en que la élite de una dictadura seguía siendo élite pero disfrazada de democracia; vale para no obedecer una ley del Estado y negarse a impartir una asignatura de ciudadanía, para ser un candidato corrupto y delincuente que no se arrepiente de nada o para personalizarle a un bucanero del siglo XXI una legislación exclusiva para que monte Eurovegas.

Ahora extienden su manto de silencio, que de eso saben mucho. Esperanza Aguirre crea una estúpida polémica para que no le pregunten por su responsabilidad en Bankia; y tiene mucha. Crean un debate sobre una comisión parlamentaria para esquivar una actuación judicial. Y algunos dirigentes del PSOE colaboran con el punto de fuga, ponen humo a la cortina, porque si quieren realmente abrir las tripas de Bankia irían a un juzgado a pedir una intervención judicial, que es lo que se merece el caso y contarían además lo que ellos ya saben, la parte que gestionaron.

Ladrillo de oro, financiación de partidos, poceros que le pusieron la guinda a la burbuja inmobiliaria y acabaron en un pozo, dirigentes que han utilizado el dinero de las cajas a capricho, como una caja chica, como un chiringuito de la España playera al que llegaban de noche para abrir la caja y llevarse los billetes grandes.

El Partido Popular ha querido sacar a Bankia del cesto del rescate, escamotearlo, esconderlo del ojo de la legalidad. Ojalá haya cámaras que controlen la documentación, los papeles, las miles de facturas con manchones de grasa de limpiarse los morros tras el festín, los préstamos amigos, las inversiones a fondo perdido, las tarjetas visa con el fondo perdido.

¿Cómo puede ser que vivamos en un país donde el Gobierno no ha planificado las necesidades de la vivienda con respecto a la demanda y ha dejado construir un millón de pisos que hoy están vacíos? ¿Cómo puede ser que no se hayan diseñado políticas de control de la ladrillidad? ¿Cómo es posible que el festín de hipotecas, de corrupciones, de los miles de millones se vaya a quedar en la anécdota de unos trajes regalados que no son delito?

Ojalá nos intervenga Europa. Ojalá crucen los Pirineos los aliados que no lo hicieron en mayo de 1945. Ojalá vengan pero no para rescatar a los bancos sino para rescatarnos a nosotros de los presidentes del Tribunal Supremo que no dan explicaciones; de los que pasan años exigiendo condenas de atentados y ellos han insultado y despreciado a las víctimas de otros, de todos los pusilánimes que hacen oposición con el único fin del quítate tú para ponerme yo. Ojalá venga Europa y nos rescate y arrase con esta élite que lleva siglos obligándonos a ser ratones exhaustos de correr dentro de una rueda que no avanza, condenados a vivir en los mismos problemas, a no dejar de escuchar sus desideologizadas peleas por el poder.

El caso Bankia camina hacia la oscuridad, hacia esa gigantesca alfombra que ha tejido la élite de nuestro país; bajo la que se han barrido tantas miserias y crímenes, tantos delitos impunes, tantas falsas apariencias. A ver si llega un día en que todos, al levantar la vista, vemos una tierra donde haya una democracia de verdad. Ojalá pase algo que los barra de pronto.

4 pensamientos en “Caso Bankia; el nuevo 11M del Partido Popular

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  2. Si estoy de acuerdo en mucho de lo que dices, pero cuando apelas a europa para que nos salve, hablas mas desdela impotencia y el hartazgo que de la realidad, porque ellos tampoco se salvan de toda esta salvajada de medidas que esta tomando el gobierno, para salvarnos? no para undirnos en la miseria con las condiciones que ponen al gobierno frente a cada dinero prestado. Yo veo que estamos en el momento en que la pudredumbre que siempre existio, nos esta ahogando, ya que estaba tan bien tapada , no solo con la alfombra que ellos se dedicaron a vendernos , sino que todos nos lo tragamos, bien guisada y para adentro, por eso la indigestion actual. Solo deseo que ya no nos la pueden vender ni siquiera a precio de saldo , y eso es bueno, porque hay que ponerse a hacer cosas nuevas y de calidad y esa es nuestra responsabilidad. Un saludo

  3. Hace un par de meses (antes de Bankia, pero ya habían dado grupo parlamentario a UPyD y se lo habían quitado a Amaiur, ya habían amenazado con cambiar la Ley del aborto y la del matrimonio homosexual, ya habían hecho, o casi, la reforma laboral, ya…), bueno, pues decía, hace un par de meses comencé a pensar que no podía ser casualidad que, de las economías europeas intervenidas, Portugal, Irlanda, Grecia y detrás íbamos nosotros, tres de cuatro habían sido dictaduras hasta hacía bien poco. Es raro, ¿no?, que las transiciones pacíficas dejen como secuela la intocabilidad de las corrupciones y de los poderes públicos claves para esconderlas… Porque, claro, una cosa es perder o compartir el poder si no hay más remedio, y otra muy distinta es no seguir teniendo el control del dinero…

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