Hoy hace diez años que ocurrió. Había dejado mi trabajo para escribir una novela sobre la historia de mi abuelo y una casualidad me llevó hasta una cuneta en la que se encontraban sus restos junto a los de otros doce hombres. Allí, apoyado en un nogal, llamé por teléfono a mi padre. Una fosa y miles de preguntas. Y entonces comenzaron a pasar muchas cosas…

Este texto pertenece a un artículo publicado el domingo 8 de octubre de 2000.
MI ABUELO TAMBIÉN FUE UN DESAPARECIDO
Soy nieto de un desaparecido. Mi abuelo se llamaba Emilio Silva Faba. Lo mataron a tiros junto a otras trece personas y lo abandonaron en una cuneta, a la entrada de Priaranza del Bierzo. Todas sus honras fúnebres consistieron en un agujero y unas palas de tierra bajo las que todavía hoy están sus restos.
Su hijo, Ramón Silva, tenía ocho años cuando le acompañó hasta la puerta del ayuntamiento de Villafranca. Esa fue la última vez que le vio. Más tarde, otro de sus hijos, Manolo, que tenía seis años, fue a verle con su madre. Mi abuelo le dio a su mujer, Modesta Santín, un reloj y un anillo con sus iniciales. Cuando le dijeron adiós ella ya presentía que no lo vería nunca más. A la mañana siguiente, Emilio, otro de sus pequeños, de 10 años, fue a llevarle el desayuno. El guardia que había en la puerta del ayuntamiento le dijo que no sabía nada de su padre, que no estaba allí y que posiblemente habría saltado por una ventana.
Mi abuela, Modesta Santín, y sus seis hijos se quedaron sin padre. Otras trece familias, las de los compañeros que murieron asesinados junto a él, se quedaron sin padre, sin tío, sin hermano… Ocurrió el 16 de octubre de 1936. El pasado sábado, sesenta y cuatro años despues, pudimos poner una placa en memoria de los muertos. El mármol decía: “A todos los que dieron su vida por la libertad y la democracia”. Pronto se abrirá la fosa y serán exhumados los restos. Por fin sus familiares tendrán un cementerio donde visitarles. Pero no a todos. Diez de ellos aún no tienen nombre. No sé quiénes son. He rastreado la historia sin dar con ellos.
Pero hay otra historia que sí puedo contar. El largo camino recorrido para rescatar a mi abuelo y a sus compañeros del olvido.
MÁS MUERTOS FUERA DEL CEMENTERIO QUE DENTRO
Mi abuelo siempre había sido una referencia para mí. Había escuchado las historias sobre su integridad en la defensa de sus ideas republicanas y de izquierdas y sobre su trágica muerte. El pasado 7 de marzo decidí que mi abuelo dejara de ser un relato familiar. Sus restos estaban en un lugar que yo desconocía. Pero estaba dispuesto a cambiar el final de su historia. Leer el resto de esta entrada »