El día que España pasó por un escáner de imágenes corporales
En un mundo gobernado a base de sustos la mejor forma de conseguir posicionar un producto en el mercado es hacer creer que elimina una amenaza activa. Puede ser una guerra, para combatir un gran atentado terrorista; puede ser una vacuna, para erradicar una gripe después de que alguien haya convencido a la humanidad de que arrasará con millones de vidas; o un escaner que desnudará a todos los pasajeros de los aeropuertos del mundo e impedirá las miles de amenzas que se ciernen sobrevolando el mundo civilizado.
Se trata de un escáner de imágenes corporales al que le ha hecho la mejor campaña posible un joven originario de Nigeria con una bomba adosada a uno de sus tobillos. Si fuera un comercial de la empresa le esperarían comisiones multimillonarias. Lo que fue una amenaza para un grupo de pasajeros y la tripulación de un avión llegó a los confines del planeta transportado por las portadas de los periódicos, las aperturas de los informativos de radio y televisión y las declaraciones de políticos que tienen que manifestarse inmediatamente acerca de cómo van a reaccionar ante el nuevo susto.
La bomba que llevaba el joven nigeriano atada a su tobillo también era un escaner. Ese pequeño explosivo, independientemente del peligro que pudiera suponer en un vuelo, ha radiografíado el Estado de hipocondria global que sufre el género humano. A veces cosas más o menos pequeñas definen y radiografían toda una sociedad.
Acaba de ocurrir con la querella aceptada por el Tribunal Supremo español, presentada por Falange contra el intento del juez Baltasar Garzón de construir un proceso justo para las víctimas de los miles de asesinatos impunes cometidos por la dictadura franquista.
Se trata sin duda de un hecho gravísimo, que el máximo tribunal ejecutivo acepte juzgar a un juez que investigó lo que era su deber en un país en el que los crímenes más graves cometidos en la historia reciente no han sido investigados ni han llevado a un proceso penal a ninguno de los responsables y ejecutores.
Se trata de la herencia que nos ha dejado la transición española en la que se abandonó la posibilidad de poner límites al franquismo en sus diferentes formas. La sociedad española tiene a la extrema derecha adosada a uno de sus tobillos. Desde ese lugar hace que la justicia,la democracia y los derechos de los delitos más graves ocurridos en nuestro país no puedan avanzar hacia sus objetivos fundamentales.Y de paso se vuelve a “vender” la impunidad como garante de la paz social.
Y eso ocurre en una Estado que condena personas por colocar carteles de presos que están en la cárcel respondiendo por sus delitos y en el que la apología del mayor criminal de la historia reciente y de sus secuaces, muchos de los cuales viven y no han pasado un sólo día entre rejas, es algo tolerado, alentado, permitido y tomado en serio por las más altas instituciones de nuestra justicia; un Tribunal Supremo en el que un alto porcentaje de sus miembros juraron fidelidad al régimen franquista.
16 de Enero de 2010 a las 3:16
La sola asociación de “Tribunal Supremo español” y “Falange” ya provoca arcadas…