La presidencia de la Unión Europea, que se acabe la nanodemocracia y que deje de morir la inteligencia

Llevamos tres días del nuevo año y tengo el cerebro saturado de escuchar hablar de la presidencia española de la Unión Europea. La avalancha de marketing político es atronadora; los apóstoles de la nueva salvación continental han salido a predicar la “buena vieja”, rumbo a todos los puntos cardinales. Tanto euroepeismo forzado demuestra todavía el atraso y los efectos de la autarquía patria que coexisten en la cultura política de esta piel de toro donde sigue muriendo la inteligencia.

La Unión Europea ha propiciado el mayor periodo de paz, al menos en su territorio. La norteamericanización de algunos aspectos de la vida política del viejo continente ha llevado a la exportación de los conflictos a tierras lejanas. Si las guerras europeas eran como todas por intereses de finalidad económica eso quiere decir que los europeos de la unión han construido un modelo que produce mayores beneficios que una guerra. Ese es sin duda un gran acierto.

Pero lo que han construido en la Unión Europea es un modelo que minimiza a sus ciudadanos. Si en sus territorios tienen difícil la participación política mucho más compleja es cuando el centro de decisión está a miles de kilómetros, en un país con otro idioma y en una ciudad cuyo sector inmobiliario tiene entre sus principales clientes a los numerosos grupos de presión que son los nuevos señores feudales del viejo continente.

La tromba informativa de la presidencia española habla de muchas cumbres, de lucha antiterrorista global y de mucha actividad. Pero los objetivos de nuestra sociedad ante ese reto deberían ser los de cambiar los indicadores que dicen que el Estado español es en la Unión: el líder europeo en siniestralidad laboral (y donde hay mayor margen de beneficio empresarial), donde los universitarios son los peor pagados (y por eso son los que tardan más en emanciparse), donde más han subido los precios con la llegada del euro (y por eso el que más nuevos multimillonarios ha generado), el que más animales domésticos abandona, el más alejado del protocolo de Kyoto, el que tiene mayor fracaso escolar (que es principalmente un fracaso político), de los que menos invierten en investigación (que sigan inventando ellos), el principal consumidor de cocaína, el que mayor número de desaparecidos por represión política, donde se produce más discriminación de género,….

Muchos retos para una sociedad que ha cambiado por fuera, en más de tres décadas sin dictadura, pero que no lo ha hecho tanto por dentro. ¿Alguien ha tenido noticia de que el Parlamento haya hecho debates monográficos acerca de alguno de esos temas que deberían ser los fundamentales en el trabajo de los políticos?

Europa, la Vieja Europa, ha producido un modelo de protección social heredero de la ilustración. Pero ahora está en retroceso, gestionando nuevas oportunidades para las grandes empresas y ningún nuevo derecho fundamental para su ciudadanía. Sólo con las nuevas teconologías podría conseguirse acercar a la ciudadanía al núcleo decisorio y romper su discriminación con respecto a los grupos de poder que tienen sus grandes oficinas en Bruselas y entran y salen a diario de las instituciones europeas.

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