¿Qué harían los mercados financieros si aboliéramos la abolición de la esclavitud?

Hago esa pregunta porque la respuesta es bien sencilla. Si la Unión Europea hiciera una reforma laboral (porque se le llamaría así) que reinstaurase la esclavitud, al día siguiente los mercados financieros reventarían todos sus records ante la expectiva de una mano de obra sin parangón, ni seguridad social, ni cotizaciones, ni todas esas cosas que estorban y obstaculizan ese bien social que se llama la multiplicación de beneficios.

Estamos asistiendo a la muerte del modelo europeo de bienestar. Se acabó la protección social, la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de una generación a la siguiente, el sueño de perfeccionar la sociedad. Y una izquierda incapaz de movilizar a los consumidores que fueron ciudadanos y que con su estómago lleno y un poquito que les dejen consumir no tiene conflictos graves por los que salir a pelear.

Ahora los baluartes de nuestras democracias se rinden a la voluntad del mercado y de los hombres grises que se comen nuestro tiempo. Esa voracidad insaciable, la de los jonquis de la especulación, es la que está marcando los cambios políticos del viejo mundo que fue refugio de ciudadanías soñadoras y hoy es un purgatorio para derrotados. Viajan en sus cundas de primera clase, con sus ordenadores desde los que pueden echar atrás conquistas por las que murieron miles de trabajadores y trabajadoras sólo con dar a una tecla u opinar donde hace daño acerca de tal deuda o cual Estado.

La democracia se está enfrentando a la especulocracia. Si no salimos a ejercer la soberanía cuidadana el mundo estará siendo modelado a la medida de quienes celebrarían con un record en las bolsas mundiales que en el mundo volviera a ser legal la esclavitud. O nos ponemos a nosotros los grilletes o se los ponemos a su avaricia. Esa es la cuestión.

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