Me parece que estamos regresando al siglo XIX

Hace tiempo que el capitalismo aprendió a recuperar el terreno perdido que le había arrebatado a la mano invisible la lucha obrera. La crisis de los setenta fue un buen ejemplo. Aquí tuvimos los Pactos de la Moncloa, que fue la versión ibérica de la lucha contra la recesión, después de que las autoridades económicas del franquismo pensaran que en cuestión de crisis Spain también era diferent y aplicaran remedios que eran consecuencia de una mala interpretación que hizo que el franquismo fomentara la demanda energética mientras el resto del mundo “civilizado” la reducía.

Después se cayó el muro de Berlín y el capitalismo, a principios de los noventa, hizo un ensayo de lo que está ocurriendo hoy. Eso llevó al entonces titular de economía, Pedro Solbes, a recortar la duración del subsidio por desempleo, a correr el rumor de que era importante hacerse planes de pensiones privados por si las moscas. Y como consecuencia la Unión Europea selló el Tratado de Maastricht, por el cual fueron privatizados billones y billones en empresas públicas que pasaron a manos privadas porque “el Estado era un lastre para la economía”.

Toda esa experiencia está operando en la crisis actual. El neoliberalismo, ha construido herramientas que no respetan fronteras ni soberanías y ha pillado a las clases medias, asustadas, desmovilizadas, con un voto que depositan cada cuatro años y que evidentemente tiene menos poder que una llamada de Barak Obama para pedirle a Zapatero medidas de ajuste o un diagnóstico del Fondo Monetario Internacional que no va a descansar hasta liberalizar el despido de trabajadadores con el argumento de que si es más fácil despedir será más fácil contratar.

Mientras tanto, las clases medias aguantan en Europa la respiración, porque además Grecia se ha convertido en el ejemplo práctico en el que no queremos caer. Así que mudos, atónitos, nos agarramos a nuestra pequeña tabla de bienestar para no hundirnos y nos dejamos quitar derechos, Estado, servicios públicos y oportunidades de calidad de vida para nosotros y para nuestros hijos. Esta guerra psicológica está cosechando victorias para el neoliberalismo frente a sociedades sin autoestima, inconscientes de su poder.

Regresamos al siglo XIX, a pasos agigantados, rebobinando la lucha de la humanidad por los derechos sociales, escapando de una apisonadora que aplasta conquistas que han costado miles de vidas, sacrificios, luchas, desvelos y esperanzas puestas en la evolución social.

La conquista del sufragio universal, que se agota en sí mismo, se está convirtiendo en un naufragio universal, sin la creación de más herramientas que nos permitan profundizar y democratizar la democracia. No hemos creado más mecanismos de control y nos hemos refugiado en un mundo virtual, donde las protestas, las movilizaciones de las redes sociales no hunden ni presionan los mercados. Hemos creado una democracia paralela, que no incide en los cambios económicos estructurales, que determinan los sociales y los políticos.

Cuando Fukuyama dijo que había llegado el fin de la historia quizá tenía razón. Ahora lo que estamos viendo es un camino hacia atrás; el de la involución. Si las sociedades civiles no hacen nada, si no abren un nuevo camino para la historia, Fukuyama habrá sido uno de los grandes intérpretes de la sociología moderna.

La caída del muro de Berlín fue un choque que nos ha hecho rebotar hacia pasado. El ataque al Estado, a lo público, que estamos sufriendo es de extrema gravedad. El capitalismo ha buscado en el experimento Griego el límite de lo que podemos soportar las sociedades de consumo. Ahora que ya sabe (¿nosotros no?) hasta dónde puede forzar la inseguridad social, no va a parar. Eso quiere decir que o nos descruzamos de brazos o vamos a regresar a la desprotección donde gobierna la ley del más fuerte.

Un comentario para “Me parece que estamos regresando al siglo XIX”

  1. Nur dice:

    Más razón que un santo, Emilio. Solo un apunte.

    Hay mucho que hacer en lo macro, en el terreno legislativo y en el del “social accountability”, pero si de movilizar a la sociedad civil se trata, hay que alinear los bolsillos con las conciencias y no al revés.

    Ni siquiera hablo de boicot, hablo de elegir como proveedores de productos y servicios (incluidos los bancarios) a las pocas empresas honestas, transparentes y a ser posible locales, (para poder dialogar de igual a igual) que encontremos, e inhibirnos gradualmente de poner ni un euro en las demás.

    El consabido “no con mi dinero” o “tu compra es tu voto”. (Es que como dices, a las urnas, cada cuatro años, pero a la compra, con suerte, todas las semanas).

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