Los siete magníficos y ninguna mujer… por la gracia de Dios

Ahí están. Los machitos españoles. El máximo poder institucional del país. Ni una mujer, ¿para qué?. Un hijo de un alcalde falangista, un presidente del Tribunal Supremo hijo y nieto de jueces franquistas, que llama a los crímenes del franquismo “los asuntos esos del régimen anterior”; un fiscal general del Estado hijo y nieto de jueces franquistas que está a favor de la amnistía para los franquistas; y un monarca puesto en la jefatura del Estado por un dictador. ¡Bienvenidos a la España democrática!

Los siete magníficos que han comido en el Congreso han incumplido juntos la Constitución de un país aconfesional. La foto dice todo lo que hay que explicar. ¿Alguien me puede decir en que siglo estamos?

El Partido Popular; una cultura política de cientos de años o de la Santa Inquisición a Lucía Figar

Era el mediodía del 14 de marzo de 2004. El día antes habían sido enterradas decenas de víctimas de los atentados del 11M. El país todavía retumbaba de miedo, dolor y estupor por las bombas que arrasaron la vida de 191 personas. Para entonces el gobierno Aznar ya había organizado un misa católica (había víctimas de diferentes confesiones) y una manifestación con una pancarta que decía: “Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo”. Se trataba para el Gobierno de que la expresión “Por la Constitución” hiciera romper con las movilizaciones al nacionalismo vasco, así se construía una realidad acorde con su versión interesada y se reforzaba la mentira sobre la autoría de ETA que daría réditos electorales. El día antes, además, se habían celebrado manifestaciones frente a unas cuantas sedes del PP, exigiendo la verdad de lo ocurrido antes de que se abrieran las urnas para recibir los votos de las elecciones generales.

Pues ese 14 de marzo, el telediario de las tres de la tarde de Televisión Española, con Úrdaci trabajando a toda máquina, se abre con una noticia acerca de una botella de gasolina lanzada contra una pequeña sede del PP de una aldea gallega. En un país en el que había ocurrido toda esa tragedia se abre así el informativo más visto del país, cuando quedan cinco horas de colegios electorales abiertos. El objetivo era claro; vincular las concentraciones frente a las sedes populares en la jornada de reflexión con la persecución violenta de la organización conservadora.

La Consejera de Educación de la Comunidad de Madrid, Lucía Figar, ha declarado que las movilizaciones de los profesores madrileños contra su forma de perjudicar a la enseñanza pública están organizadas por los mismos que agredieron a los peregrinos durante la visita de Joseph Ratzinger. Se trata del cumplimiento de una tradición heredada durante siglos por la actual derecha nacionalista española. La frase de la Consejera entronca con la apertura del telediario el 14 de marzo de 2004, con el relato que sus pares mediáticos han hecho del 11 M, por el imaginario construido durante el franquismo para determinar el recuerdo de lo que fue la Segunda República y por esa misma tradición en la que el dictador Francisco Franco se disfrazaba de víctima habiendo sido verdugo. Se puede tirar hacia atrás del hilo hasta llegar al centro de la estrategia de la Santa Inquisición, con el uso de falsas acusaciones para eliminar al adversarios, que ahora, a falta de leña, arden en la hoguera del tupido bosque mediático construido por los herederos de esa España eterna.

La actitud de Lucía Figar esconde además algo más estratégico: conseguir que el debate se desvíe hacia las ramas y se aleje del tronco. Para eso mismo sirve una acusación de Esperanza Aguirre que califica de vagos y maleantes a los profesores, una carta llena de faltas de ortografía o una Ana Botella hablando del trabajo de los funcionarios del ayuntamiento de Madrid que según ella comparados con los profesores se pasan los días haciendo huelga a la japonesa. Todo vale para tejer una buena cortina de humo.

Posdata:
Qué poco amor a la función pública tienen Esperanza Aguirre y Ana Botella. Ambas aprobaron una plaza en la administración pública. Claro que cuando ellas se examinaron eran cuando las oposiciones eran un tanto distintas.