Echemos a las cajeras y cajeros de los hipermercados. ¡Despídelos y vete!

Acabo de regresar de llenar un carro de la compra en un hipermercado Carrefour. No es uno cualquiera, porque no todos son iguales. Se trata del que está en la localidad madrileña de Alcobendas, cerca del barrio de la Moraleja, uno de los más exclusivos de la piel de toro, donde conviven dinero y fama. Quizá esa cercanía es la causa de una de las cosas que me ha llamado la atención: en la pescadería casi todos los trabajadores son nativos de esta España nuestra; exactamente al revés que en el hipermercado de la misma empresa que hay en el distrito madrileño de Hortaleza donde la percepción de los clientes hacia inmigrantes que “tocan” la comida que compran debe ser diferente, más xenófila.

Pero de lo que realmente quería escribir es del nuevo reto de este hipermercado, de su nueva apuesta, que debe ser un experiemento de vanguardia; se trata del proyecto de Carrefour ¡Scan and go!. Se trata de una nueva modalidad de compra en la que el cliente coge un carrito que lleva un lector de código de barras y escanea cada producto que introduce en él. El aparato va llevando la cuenta y cuando uno termina de comprar se acerca a otro aparato, paga con la tarjeta y a casa.

Podría parecer un inocente gesto de modernidad, de uso de las nuevas tecnologías. La excusa es que no haces cola en la caja, que escaneas y te vas. La empresa lo vende como la avanzadilla del hipermercado del futuro que te va a permitir tener más tiempo de ocio, porque no lo pierdes en la cola. Pero cada vez que acercas el escáner con tus manitas a un código de barras (movimiento al que dedicas un poquito de tu tiempo) estás poniendo un grano para poner de patitas en la calle a un trabajador de las cajas. Bajo el discurso del ahorro de tu tiempo, que es relativo, se esconde un sencillo y centenario desplazamiento de mano de obra. Los escáners no exigen derechos, obedecen sin rechistar, no se van de vacaciones en verano, ni los fines de semana y no cobran las horas extras (aunque esas no las cobra casi nadie y al menos en la empresa privada las hace mucha gente). Sigue leyendo