El término copago: ¿un inocente error semántico?

El presidente de la comunidad autónoma murciana, Ramón Luis Valcárcel, aseguró ayer acompañado por Mariano Rajoy que en algún momento la ciudadanía tendrá que pagar por los servicios. Quizá el político popular nunca ha visto el desglose de una nómina y por eso no sé a quién se refería cuando dijo textualmente: “Es necesario plantear que los ciudadanos también tengan que asumir parte de estos costes, en el porcentaje que sea”.

Desconozco detalladamente las fuentes de financiación del gobierno murciano pero intuyo que incluso quien le paga el suelo es la ciudadanía. El prefijo co- significa reunión y se utiliza cuando se hace algo de forma colectiva. Eso quiere decir que el copago sanitario ya existe porque la sanidad pública la financia una reunión de ciudadanos y  ciudadanas que pagan impuestos.

Tras su discurso está la declaración de que la presión fiscal seguirá cargándose sobre la gente con nómina y no sobre los que tienen grandes fortunas, inmensos beneficios y un marco tributario que les permite legalmente hacer poco copago. Sin duda está crisis es una enorme co-artada.

Existe un delito que se llama: maquinación para alterar el precio de las cosas. Un ejemplo; cuando las compañías de distribución de combustible acuerdan subir los precios juntas, pero sin que lo parezca; una cosubida de precios.

Debería existir el delito de “maquinación para alterar el significado de las palabras”. Quizá a lo que se refiere Valcárcel es al repago que sí significa pagar dos veces. Pero es evidente que ese palabro no suena bien y podría recalentar a la ciudadanía.

¿Por qué no cuarenta ciudadanos y ciudadanas en la Moncloa?

El presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha regresado de la última cumbre europea de Bruselas y se ha reunido en el Palacio de la Moncloa con los cuarenta principales empresarios del Estado, para explicarles por dónde va a ir la cosa en este penoso proceso de recortes sociales para seguir manteniendo un euro grande y libre.

Las medidas de recorte que han elegido tomar quienes han preferido que las consecuencias de la crisis las paguen los trabajadores, y no esas cuarenta mega empresas, no afectan a la vida de Emilio Botín (Banco Santander), César Alierta (Telefónica) o al resto de visitantes que llegaron con su chófer a la Moncloa. Su fin de mes seguirá siendo esplendoroso, su jubilación les importa un pimiento desde el punto de vista económico, sus hijos seguirán contando con todos los recursos y un futuro con certidumbre. Pero el recorte de los sueldos de los funcionarios, la amputación de las pensiones o el fin del subsidio de 426 euros para parados de larga duración (la mayoría con cargas familiares) determinan totalmente la existencia de millones de ciudadanos para los que la vida se vuelve sombría, para los que encontrar en el buzón una carta de un banco anuda la garganta.

Aunque la lógica no es el eje de las estrategias de gobierno, lo más lógico sería que el presidente recibiera en la Moncloa, para informarles, a quienes van a ver sus vidas totalmente determinadas por esas medidas políticas. A los ciudadanos de a pie, que luchan por la existencia, que viven en la incertidumbre, que forman parte de la cola de más de cuatro millones de parados, …

Pero la ausencia de ciudadanía en esas reuniones define perfectamente en qué se ha convertido el modelo de nuestra democracia, esa especie de despotismo ilustrado de todo para sacar al pueblo de la crisis pero sin el pueblo. En algún momento habrá que reconstruir la democracia, regenerarla, devolverle el sentido y dejar de utilizar en vano su nombre cuando lo que vivimos es evidentemente una plutocracia parlamentaria (según la Real Academia: preponderancia de los ricos en el gobierno del Estado).

Hay tres mordiscos en el cuello de la Unión Europea

Noto que la radiación del neoliberalismo llega más lejos y que en la cumbre de Bruselas que está a punto de comenzar se van a juntar un montón de líderes políticos para maquinar y alterar el precio de las cosas. Ya han alterado el precio de mi jubilación (calculo que en un 20%) y ahora vienen a por más sangre de mi salario o de la protección social.

Hubo un tiempo en que la Unión Europea era un proyecto para extender derechos, un modelo que humanizaba el capitalismo, que fomentaba la cultura democrática. Pero tras la caída del muro de Berlín se hizo la noche para los que creían en él y para los que no, para todos los trabajadores y todas trabajadoras. Comenzaron a salir de sus criptas financieras, con los colmillos afilados por la desmovilización social, miles de banqueros, directivos de multinacionales, políticos de derecha y centro izquierda, a morder el cuello de la sociedad del bienestar.

Esta crisis que estamos viviendo, que hace ganar más dinero a los bancos y menos a los trabajadores, está dictando la política de una Unión Europea sin futuro, sin confianza, sin pujanza para mantener los derechos conquistados con el esfuerzo, el sufrimiento y el dolor de millones de nuestros antepasados. Ahora se reunen en Bruselas los presidentes y jefes de Estado. He mirado con una lupa y un cuentahilos una fotografía y he descubierto que todos los asistentes a la cumbre tienen tres mordiscos en el cuello. He llenado mi futuro de cabezas de ajo para que su sed de reajustes no lo alcance. Pero me temo que si no salimos a defendernos nada va a parar a esta apisonadora que nos arrastra a saltos hacia el siglo XIX.

Manuel Cobo, otro beneficiario de la impunidad

Manuel Cobo, el teniente de alcalde que nunca dimitió

De vez en cuando me vienen a la cabeza las palabras de Pilar Manjón en el último aniversario del 11 M, acerca de su reunión con el teniente de alcalde del ayuntamiento de Madrid, Manuel Cobo. El número dos de la alcaldía madrileña le dijo al recibirla que si venían “a por otro monumentito” y añadía que “cualquier día iban a tener que hacerle un monumento a las putas de Montera”.

Aunque nadie ha heredado el franquismo, salvo el teniente coronel Tejero, las identidades políticas no desaparecen, pueden ser más o menos conscientes pero subyacen en colectivos que continúan ciertas tradiciones culturales. Durante la dictadura, Franco creo un amplio colectivo de víctimas de las hordas marxistas. Les dio monumentos, puestos en la administración para toda la vida, becas, estancos y numerosos parabienes. Detrás de esas víctimas se escondió el responsable del asesinato de decenas de miles de civiles, del robo de miles de bebes, del saquéo de miles de casas y propiedades, para presentarse ante el mundo como una víctima y esconderse como verdugo.

Esa cultura de la derecha española, tan inquisitorial, de disimular su identidad, forma parte de uno de los grandes ejercicios de doble moral que se llevan practicándo durante siglos en la piel de toro. Y así ha llegado a nuestros tiempos, navegando en el subsuelo de la cultura política nacionalcatólica. Sigue leyendo

La quinta parte de nuestra economía es sumergida o ¿para qué sirve una crisis?

Si un psicoanalista tumbara al capitalismo en un diván y este comenzara a contarle que se siente raro y piensa que tiene una crisis el terapeuta tendría que diagnosticarle una regresión. Según el diccionario de la Real Academia regresión significa: “retroceso a estados psicológicos o formas de conducta propios de etapas anteriores, a causa de tensiones o conflictos no resueltos”.

Nuestra sociedad se encuentra en la era del cangrejo, regresando a un estadio social anterior. Los síntomas están claros; el capitalismo va a tensar la cuerda de las políticas sociales hasta que encuentre un límite, hasta que fuerce una oposición a su voracidad. Pero mientras no encuentre obstáculos el mercado seguirá devorando servicios, pedazos de Estado, pensiones, derechos y otros gastos.

La Fundación de Cajas de Ahorro en su último estudio ha cifrado en un 17% el porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) que le corresponde a la economía sumergida. Casi la quinta parte de nuestro mercado patrio se mueve al margen de la ley. La investigación añade que cerca de 4.000.000 de puestos de trabajo pertenecen a ese gran sector de nuestro mercado que se da en llamar economía sumergida. Por eso hay quienes han dudado de la crisis, porque no se ven sus efectos como debiera.

Quizá lo único que está ocurriendo es que estamos regresando a otros tiempos, que ahora el trabajador pierde hasta sus derechos más básicos, que el Estado no persigue el fraude laboral, que la desprotección social nos acerca al siglo XIX. Se sumerge la economía, se sumerge el bienestar, se sumerge el Estado… son tiempos para coger aire y aguantar la respiración. Aunque no estaría mal que la sociedad civil salga a luchar por sus derechos.