¿El Tribunal Supremo repliega sus velas más oscuras?

Algo está pasando en el Tribunal Supremo. Primero la Falenge sale de la causa por algo tan ridículo como un defecto de forma, tremendamente fácil de subsanar. Después Varela acepta abrir paso a su propia recusación por parte del abogado de Baltasar Garzón, con lo que asoma una vía para otro tipo de solución.

Al mismo tiempo conocemos que Manos Limpias presentó uno de sus recursos fuera de plazo y que el fiscal investiga si el sindicato de extrema derecha fue asesorado por el propio Varela. De pronto un viento sopla en distinta dirección y parece dirigir la orquesta hacia otro movimiento. Pero no debemos pensar que ese nueva lógica en el Supremo es menos sospechosa que la anterior, la que trataba de criminalizar al juez. Parece que alguien ha señalado el camino de salida y ha dicho: “Muchachos, nos hemos pasado, cada mochuelo a su olivo”.

Es curioso que con las misma leyes si alguien quiere puede perseguir al juez y con las mismas leyes alguien puede dejar de perseguirlo. Vaya cosas pasan en los altos tribunales.

UNA INTERPRETACIÓN.
Algo ha hecho crack en este proceso y las fuerzas se han alineado de otra manera. ¿Habrá sido el Gobierno?¿Habrá sido la gira de la Vice defendiendo la ley de Amnistía? Pueden ser una conjunción de cosas pero posiblemente ni el Poder Judicial español, ni los privilegios franquistas cuyo poder social sigue vigente, querrían enfrentarse a la posibilidad de que por el Tribunal Supremo y para testificar en el juicio contra Garzón, desfilaran los más prestigiosos penalistas del mundo, repartiendo a diestro y siniestro un derecho internacional que los tribunales españoles, en los reductos de su autarquía, no quieren aplicar. ¿Es eso prevaricación internacional?

El Consejo General del Poder Judicial no podría soportar tanta tristeza. En repetidas ocasiones su portavoz ha declarado que les da da mucha pena el daño que está sufriendo la imagen del Tribunal Supremo en todo este proceso. Si se celebrara esa vista oral el daño se multiplicaría. Lástima de un Consejo General del Poder Judicial al que le apenara el hecho de no poder dar acceso a la justicia a las familias de los 113.000 desaparecidos por la represión franquista que hay en el Estado español. Ah, pero eso ocurre en democracias sin impunidad.

Están corriendo su tupido velo

Me resulta paradójico e indignante el escándalo que se está formando por la adolescente musulmana que va o no va con velo a su instituto. Este país está lleno de fabricantes de cortinas de humo y está es simplemente una más. Es lamentable cómo los medios azotan la fuga de la opinión pública que ha inventado la comunidad de Madrid para huir del caso Gürtel y hacernos mirar hacia otro lado.

El otro día dijo Esperanza Aguirre que, respetando las normas de cada centro, piensa que no se puede ir al colegio con el pelo cubierto. Me encantaría oírselo decir en un colegio de monjas, que aún las hay con semiburka en algunos centros religiosos.

Es lamentable que en una Comunidad Autónoma, en la que el deterioro de la enseñanza pública permitiría declararla zona catastrófica, la discusión que más repercusión social tiene sea acerca de una forma de vestir. Bastante más escandaloso es que haya niños que vayan a colegios sin becas, aunque las necesiten; sin profesores de apoyo, porque son caros; y sin recursos para gestionar la integración porque con todo eso provocamos la huida de lo público hacia lo privado.

Me encantaria que un día veinte micrófonos rodearan a la entrada de un colegio a un niño que no cuenta ni con los mínimos recursos para formarse. Y que así se supiera que la política ultraliberal de Esperanza Aguirre es una forma de abusar de los menores a los que se condena, sin esperanza, a ser la mano de obra barata.

¿Qué es exactamente respetar la independencia de los Tribunales?

Cuando se ha criticado la persecución que el Tribunal Supremo está llevando a cabo hacia el juez Baltasar Garzón han sido numerosas las voces que se han levantado para exigir respeto hacia la independencia del poder judicial, equiparando separación de poderes con un incoloro acriticismo. Incluso el Consejo General del Poder Judicial llegó a mostrar su tristeza tras el discurso que Carlos Jiménez Villarejo pronunció en la Universidad Complutense de Madrid hace una semana.

Pero ahora, estos días, escuchamos a políticos de todo signo opinar acerca de otro Tribunal, el Constitucional; hablan incluso de que deberían ser sustituidos algunos de sus miembros (eso no es presionarlo). Pero ese discurso de la independencia no sale a la luz, quizá porque no serviría para defender la impunidad del franquismo, sellada por la ley de amnistía.

Así son las varas de medir, siempre acortando los atajos para quienes se aprovechan de las libertades y para los que han aceptado la democracia porque podía ser un medio y no un fin.

El abrazo de la dignidad (que 70 años no es nada…)

Veo a Darío Rivas, abrazado a la presidenta de las madres de Plaza de Mayo, Nora Cortiñas. Un abrazo tan digno, con tanto sentido, debería estar en todos los museos del mundo, en todos los libros de texto, en todos los discos duros. Esas dos historias de ida y vuelta, esos dos exilios, esas dos memorias entrelazadas de las víctimas de la dictaduras argentina y de la española ahora emergen a la superficie para intentar demostrar que la justicia debe ser una de las patrias de la humanidad.

Conocí a Darío en un hotel cercano a Madrid, donde él estaba durmiendo, a la espera de coger al día siguiente su vuelo para Buenos Aires. Fue en noviembre de 2008 y en esos momentos este hombre hoy nonagenario estaba muy esperanzado con el proceso que se había abierto en la Audiencia Nacional por parte del juez Baltasar Garzón. Regresaba con un deseo de que por fin se hiciera justicia. Pero cuando se paralizó el proceso Darío no se detuvo porque en su memoria, en su cerebro, los recuerdos de su padre, asesinado por un grupo de pistoleros falangistas en octubre de 1936, están almacenados a medio milímetro de las neuronas donde se almacena lo que recuerda que hizo ayer. Por eso lo de 70 años no es nada.

Los restos del padre de Darío, un alcalde republicano de la localidad lucense de Palas de Rei asesinado en octubre de 1936, fueron exhumados en el año 2005. Después los trasladaron al cementerio. Allí, este hombre que entonces tenía 85 años colocó una placa en la lápida en la que podía leerse: “Papá, espero que ahora descanases en paz. Te lo pide tu hijo mimado”. Pues eso, que siete décadas no son nada.

La noche de los aznarines vivientes o el caso Gürtel quizá tuvo otra autoría

La apertura del sumario Gürtel ha sido como la apertura de la lápida donde descansaban las momias del aznarismo. A la llamada de la “correa” están despertando algunos zombiés que llevaban tiempo arrastrando sus cadenas en el limbo de la política. Francisco Álvarez Cascos acusa de haber fabricado y manipulado pruebas en la investigación del caso Gürtel.

Ahora sólo falta que hagan correr una campaña diciendo que la autoría de la corrupción es de un partido nacionalista y luego que un periódico descubra en alguno de los coches que se autorregalaron o en un bolsillo de uno de los trajes una tarjeta de un restaurante que se encuentra en la calle Pablo Iglesias o en la avenida Dolores Ibarruri de alguna ciudad, preferentemenete gobernada por la izquierda.

Mientras tanto yo voy a dedicar el fin de semana a pensar si denuncio al ex tesorero del PP, que les ha robado 28 céntimos de euro a cada españolito y quizá inicie acciones judiciales para que me devuelva los míos.

Hoy es 1 de abril y no podemos olvidar

Hoy es 1 de abril, una fecha importante para nuestra memoria colectiva. El día en el que el dictador Francisco Franco dio por terminado su golpe de Estado para tumbar el resultado de las elecciones del 12 de febrero de 1936 que había ganado el Frente Popular.

No podemos olvidar la tristeza de miles de hombres y mujeres que habían abandonado su país para sobrevivir, hacianados en playas, en fronteras, condenados a extrañar lo que perdieron para el resto de sus días. No podemos olvidar la angustia de miles de ciudadanos que se quedaron dentro, asfixiados, con un futuro sin futuro (qué bien lo relata la novela “El fin de la esperanza”).

No podemos olvidar a las miles viudas que a partir de ese momento vivieron en pueblos en los que ellas y sus hijos habitaban campos de concentración; vigilados, castigados, gobernados por quienes se habían dedicado en la retaguardia al asesinato de civiles.

No podemos olvidar a los miles de  presos políticos; miles de hombres y mujeres que habían combatido contra una parte fascista del ejército que colonizó su propio país.

No podemos olvidar el asesinato de todo un proyecto político que llevaba nuestro país hacia la vanguardia de las democracias occidentales.

No podemos olvidar a las mujeres que dejaron de tener muchos de sus derechos y cuyas vidas eran encorsetadas por sacerdotes católicos ultraconservadores que las maltrataban como a las Evas que provocaron el pecado de Adán.

No podemos olvidar…