¿Nos hacía falta esta crisis? No es lo mismo tener una cultura inmobiliaria que una burbuja inmobiliaria

Ayer escuché al poeta Juan Carlos Mestre hablar de la felicidad como un derecho. Esta mañana he corrido al texto de la Constitución de 1978 para ver si se podía denunciar la existencia de infelicidad, pero los padres de la Constitución no andaban preocupados de cosas tan abstractas.

El mismo poeta compartió su análisis de la transición y la resumió en que la élite eligió la movida como modelo cultural y no La Barraca. En una frase estaba resumido el modelo de nuestra democracia, preocupada mucho más por la estética que por la ética. Y no es una simpleza, porque la transición española fue la fabricación de un inmenso disfraz, para todo un país; una inmensa máscara en la que los verdugos y los asesinos tenían que blanquear oscuras biografías y para ello inventaron ese relato mítico, utilizando las herramientas propagandísticas del publicista del nazismo Joseph Goebels que decía que “una mentira repetida mil veces se convierte en una realidad” o “cuanto más grande sea la mentira más gente la creerá”.

Así que con el disfraz hilvanado por la Constitución y cosido por el 23F, la sociedad española invirtió en perfume para ocultar el hedor de su pasado y mayoritariamente aceptó el modelo movida,  súbdito jiji jjaja consumidor, frente al modelo La Barraca, de ciudadano.

Crecimos económicamente, llegó la cultura del pelotazo, los intelectuales dejaron de ser un modelo, y miles de padres y madres soñaron con tener un hijo Mario Conde, y uno tras otro fueron cayendo de la cultura de masas los referentes de un espíritu crítico.

Decía José Saramago: “sólo cambiaremos le vida cuando cambiemos de vida” y me encantaba ver que era un hombre que para residir en Madrid había elegido el barrio de Malasaña, como una declaración de principios, como una forma de querer ver un determinado mundo al entrar y salir de su casa.

La sociedad española aceptó la versión del gran trilero, vio crecer grandes centros comerciales a una distancia relativamente cercana de casa, aceptó que las televisiones privadas mejorarían la calidad, que la privatización del INI haría sus empresas rentables, que la enseñanza concertada garantizaba la libertad de elección, aceptó la marginalidad de la cultura crítica o que la derecha era culta porque Alberto Ruiz Gallardón tenía un abono del Teatro Real; incluso la mayoría de la ciudadanía abrió un contador mental para calcular la cantidad de dinero que estaba acumulando cuando se iba inflando el precio de la vivienda.

El mismo poeta habló ayer de que la gran herramienta del poder es la cultura. Y digo yo que no es lo mismo tener una cultura inmobiliaria que una burbuja inmobiliaria. España ha sido una fiesta donde los niños hace tiempo que dejaron de pegar la cara al cristal de un coche para ver hasta dónde llegaba la aguja de su cuentakilómetros.

La crisis ha comenzado a descoser ese disfraz. Vemos un Tribunal Supremo que siempre ha estado allí, como una monarquía paralela. Vemos los privilegios construidos por los políticos en los que ha participado todo el arco parlamentario. Vemos una monarquía que es la condensación de todos esos privilegios: ¿alguna fuerza política ha planteado alguna vez que el rey deje de tener bloqueado el monte del Pardo y que cambie de residencia y ese espacio verde sea para el disfrute de la ciudadanía?

Pienso en los trileros y en su jugada perfecta: la lucha anti OTAN, el movimiento 0,7%, causas justas que lanzaban nuestra mirada hacia otros lugares mientras aquí dentro cosían y recosían los pliegues del disfraz donde las élites disfrutaban de privilegios y muchas personas de la cultura sucumbieron a la cultura del premio con canapé.

Todo eso tenía consecuencias personales, formas de vida, de consumo, de preferir más que mejor, de segunda vivienda, de vacaciones comiendo el mayor número de días en el chiringuito, de vida acrítica, con la cultura protestante de la predestinación por el consumo.

Ahora llega la crisis y se apaga la movida y se hace evidente la ausencia de La Barraca. Ha llegado el momento de pensar, de analizar, de reflexionar sobre los límites, sobre lo verdaderamente necesario, sobre cómo combatir uno de los grandes síntomas de nuestro modelo cultural; la ignorancia.

Esta crisis es una oportunidad, un despertador de conciencias indignadas, una fractura en la inercia. Por las suturas del gran disfraz de la transición se desparraman hilos y vemos las insuficiencias de este modelo. Igual hay que pensar en impedir que la movida muera en la cama y empezar a redactar un nuevo contrato social en el que figura la palabra felicidad. Pero para que eso ocurra realmente hace falta que la izquierda lleve a cabo una gran autocrítica y se quite de encima las salpicaduras de esa cultura del consumidor para limitarse a tener una cultura de la ciudadanía.

10 pensamientos en “¿Nos hacía falta esta crisis? No es lo mismo tener una cultura inmobiliaria que una burbuja inmobiliaria

  1. Las oportunidades son para aprovecharlas, pero eso implica acción.
    Condición necesaria seria comportarnos como ciudadanos, se nos trate como sea, y participar en organizaciones solidarias al margen del “establishment”.

  2. Inteligente, sencillo y claro. Gracias por artículo, Emilio, lo comparto totalmente.
    Efectivamente, trabajar, buscarla la mayor felicidad posible de la gente debería ser la prioridad primera de todos y debería estar como primer punto en el programa electoral de todos los partidos.
    Un abrazo fuerte.

  3. Hola Emilio, sabes que ayer estuvimos un grupo de persomas destripando desde el punto de vista social , el comportamiento de la sociedad española de los 60 a la fecha, y este articulo tuyo viene a redondear muy bien todo lo charlado, asi que se lo enviare. Llego el momento de la reflexion y como vez hay gente que esta en ello, la crisis golpea duro y sin discriminacion, CASI. Un saludo y sigo estando.

  4. Gracias Emilio por el post. Impresionante!! Estos días leía que a Lorca le asesinaron lo antes posible porque su familia y amigos eran personas influyentes y no querían espera a que pudieran “salvarle” del fatal destino. La Barraca era un ejemplo y con Lorca como bandera habrá que retomar el interés en ese tipo de cultural.
    La derecha siempre ha sido muy lista para destrozar y controlar y poco inteligente para construir sociedad. Les valía (les vale) con eliminar cualquier movimiento de lo que ellos llaman antisistema para seguir controlando su sistema. El problema de la izquierda (por favor, eliminad al PSOE de esta etiqueta ya!) es que intentamos cambiar las cosas desde el sistema, cuando no es un sistema válido que represente a la izquierda. Nacimos en él y hay que empezar a distanciarse de él. Hacer un consumo cultural, un consume ético y responsable es lo peor que le puede pasar a a este sistema de derechas. Animo a todos a valorar más lo ético que lo económico. Costará un poco más conseguir las cosas (tiempo para informarse, productos un poco más caros, productos culturales que nos hacen ver que son secundarios pero en verdad son de primera necesidad en cuanto a lo que te aportan como persona) pero les daremos donde más les duele: seremos felices y autosuficientes!
    Saludos!

  5. Buenísimo, si estoy con Guillermo y con muchos que creen que estamos en un miomento decisivo y hay que acabar con éste país de pandereta… ahora o nunca.
    Tanta mediocridad en altos cargos y tanto incompetente hablando como si fuera un sabio.
    Basta ya! Hay que dejar oir las voces llenas de experiencia, de vida, de recurso de todos aquellos que mantienen su pensamiento claro.
    Señores… que tengo memoria! Gracias a dios…Mucha memória!

    Mil gracias por el escrito y la claridad!
    Vara

  6. Hola Emilio, un gusto leerte, qué buena forma de condensar lo que barruntamos muchos de una forma tan clara y concisa y sin perdernos en complejas disquisiciones.

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